Manuel Bretón de los Herreros
Los dos sobrinos o la escuela de los parientes
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Manuel Bretón de los Herreros
Los dos sobrinos o la escuela de los parientes
PERSONAJES: DOÑA CATALINA. DON JOAQUÍN. DOÑA JULIANA. DON BRUNO. PLÁCIDA. DON MARCELO. INÉS. MATÍAS. DON CÁNDIDO. UN SOLDADO. DON ONOFRE.
La escena es en Madrid. Sala con tres puertas: una conduce a la antesala y a las habitaciones interiores, otra a la de DOÑA CATALINA y la restante al cuarto de DON JOAQUÍN.
Acto I
Escena I
DON MARCELO. DON ONOFRE.
DON MARCELO ¿Qué resolvemos, Onofre,
de nuestro caro sobrino?
¿Te lo llevas al lugar?
DON ONOFRE ¡Si es tan apocado el niño
que no sirve para nada! 5
No es hombre, según he visto,
de coger un azadón,
ni de podar un olivo,
ni aún de cuidar de las mulas,
que es el único ejercicio 10
en que pudiera emplearle.
Si fuera como su primo...
¡Oh! Joaquín es otra cosa.
¡Qué despejado! ¡qué fino!
Y al cabo es un capitán. 15
Este sí que honra a sus tíos,
pero Cándido...
DON MARCELO No obstante,
me parece que es preciso
llevemos la carga todos.
Ya ha siete meses cumplidos 20
que tengo a Joaquín en casa.
Fue robado en el camino,
y, como era regular,
le franqueé mi bolsillo
para hacerse un equipaje 25
conveniente a su destino.
He pagado varias deudas
que en Madrid ha contraído...
Todas por lances de honor
de que un joven de principios 30
nunca puede prescindir:
banquetes con sus amigos,
bailes, a veces el juego;
que, aunque en rigor es un vicio,
sin pasar por un quijote 35
extravagante y mezquino,
ya ves, todo un capitán...
DON ONOFRE Eso está bien. Él es digno
de todo; él es acreedor
a cualquiera sacrificio; 40
pero el otro...
DON MARCELO Pues el otro
me ha puesto en un compromiso.
Aquí se nos ha encajado
sin anunciarnos su arribo,
hecho un adán.
DON ONOFRE ¿Y qué culpa 45
tengo yo?
DON MARCELO Pidió un asilo
en mi casa, y yo no pude
negárselo.
DON ONOFRE Pues, amigo,
paciencia. A mí no me hubiera
encontrado tan propicio. 50
Ya se la puede buscar,
que no es manco ni tullido.
¡Holgazán! Con esa cara
que tiene de teatino
viene a pegarla, sin más 55
que «aquí estoy porque he venido.»
DON MARCELO Tuve que pagar el viaje
y los gastos del camino,
porque él no trajo...
DON ONOFRE Esa es otra.
Vaya, vaya, el señorito 60
es una buena prebenda.
DON MARCELO Aunque el gasto es tan crecido,
no es esto lo que me apura.
DON ONOFRE Pues ¿qué?
DON MARCELO Que afrentado vivo
con él. Ese encogimiento, 65
ese porte tan sombrío,
tan tosco...
DON ONOFRE
Di de una vez
que es un solemne pollino
y que quieres embocarme
la maula. Pues, hijo mío, 70
desásnale tú si quieres.
DON MARCELO Yo además de Joaquinito
tengo a doña Catalina
que hace mes y medio vino
de Cádiz; y hasta que encuentre 75
casa... Ya ves, su marido
fue amigo nuestro y no creo
regular...
DON ONOFRE Nada; conmigo
no se viene. Es excusado
porfiar.
DON MARCELO ¿No eres su tío 80
como yo?
DON ONOFRE Si te es gravoso,
desde este instante me obligo
a abonarte lo que gastes
con él; pero yo no admito
gaznápiros en mi casa. 85
Mejor quiero un tabardillo.
DON MARCELO Ya he dicho que no es el gasto
lo que siento.
DON ONOFRE Y yo repito
que a mi lado no le quiero.
DON MARCELO En tus haciendas de Pinto 90
puede estar.
DON ONOFRE ¿Y qué dirían
las gentes si algún domingo
me viniera a visitar
de tosco sayal vestido,
con montera, con polainas, 95
abarcas y vara en cinto,
y oyeran que me decía:
Buenas tardes, señor tío?
DON MARCELO No hay remedio. Es necesario
que yo le aguante. ¡Maldito 100
parentesco! Mantenerle
lejos de mí es un arbitrio
costoso. Al fin en la casa
se viene a gastar lo mismo
esté o no esté; pero fuera... 105
DON ONOFRE Eso quisiera el chiquillo;
asegurar la pitanza
y vivir a su albedrío.
Pero nuestro primo Bruno,
que la echa de compasivo, 110
¿no se lo puede llevar?
DON MARCELO No conviene. Mi designio
es muy diferente. Bruno
es viudo sin hijos, rico
y amigo de sus parientes. 115
Ya sabes tú que Fabricio
nuestro hermano, que Dios haya,
tuvo cierto disgustillo
con él.
DON ONOFRE Sí, cuando le echó
de su casa porque quiso 120
con sus prudentes consejos
salvarle del precipicio.
DON MARCELO Riñeron. A pocos meses
su indolencia, su prurito
de brillar, y la aprehensión 125
que le hicieron de un navío
fletado por él con carga
de géneros prohibidos,
fueron causa de su ruina
total.
DON ONOFRE Bien; y al decomiso 130
siguió la temprana muerte
de su mujer; y Fabricio
enfermó de pesadumbre;
murió ya puesto en camino
para los baños de Caldas;
135
y lo enterraron; y su hijo
Cándido viéndose solo,
desamparado, aburrido,
viene a comernos un lado
a título de sobrino. 140
Pero todo esto...
DON MARCELO El pobrete
haría sin duda juicio
de ser recibido mal
de Bruno. Por eso vino
a Madrid, y ni siquiera 145
una visita le hizo
al pasar por Zaragoza.
DON ONOFRE Con todo, no le imagino
capaz de desampararlo.
DON MARCELO Pero si yo se le envío, 150
no sólo lo admitirá
con placer y con cariño;
sino que podrá dejarle
algún día, con perjuicio
de Plácida, cuanto tiene; 155
y esto es lo que determino
evitar a toda costa.
DON ONOFRE Cuando Cándido era niño
como un padre le quería.
DON MARCELO Es cierto, pero hace un siglo 160
que no le ve.
DON ONOFRE Y dime, ¿sabe
que está aquí?
DON MARCELO ¡Qué desvarío!
No se lo diré yo nunca.
DON ONOFRE Pero... ¿y si le escribe el chico?
DON MARCELO No lo hará; te lo aseguro, 165
porque yo no me descuido
en prevenir al muchacho
contra él.
DON ONOFRE Ya, tú habrás dicho
para ti: la caridad
se entiende consigo mismo; 170
y el prójimo, que se dé
contra una esquina.
DON MARCELO Es preciso
que me ayudes a inclinarle
a mi favor.
DON ONOFRE Ya le he escrito
que Plácida es un tesoro 175
de virtudes, un hechizo.
Y mis elogios por cierto
no son muy equitativos,
porque es una linda maula.
Ahora cuatro rengloncitos 180
contra Cándido: ¿no es esto?
y negocio concluido.
Pero si se le antojara
venirse...
DON MARCELO No, no hay peligro.
Es muy viejo. En todo caso 185
nunca vendrá de improviso,
y podremos...
DON ONOFRE Ya, ya entiendo.
¿Y dónde está tu pupilo?
DON MARCELO Salió con Juliana.
DON ONOFRE ¡Calla!
Aquí está. ¡Qué compungido! 190
¡qué humilde!
Escena II
DON ONOFRE. DON MARCELO. DON CÁNDIDO.
(DON CÁNDIDO se presenta pobremente vestido.)
DON ONOFRE ¡Hola, buena pieza!
¿Cómo vienes tan marchito?
¿Dónde has dejado a tu tía?
DON CÁNDIDO A la mitad del camino
me dijo que no gustaba 195
de acompañarse conmigo.
DON ONOFRE Habrás hecho de las tuyas.
DON MARCELO Cuando ella te ha despedido,
por algo será.
DON ONOFRE La habrás 200
avergonzado.
DON MARCELO Habrás dicho
mil necedades.
DON CÁNDIDO Dios sabe
que yo...
DON MARCELO ¡Calla!
DON CÁNDIDO ¡Ah! yo suplico
a ustedes...
DON ONOFRE ¡Cállese usted! 205
Es un enorme delito
disculparse de ese modo.
DON CÁNDIDO (¡Paciencia!)
DON MARCELO Sí, ya está visto
que no haré carrera de él.
DON ONOFRE Con ese aire de novicio 210
no pienses que nos engañas,
¡hipocritón!
DON CÁNDIDO (¡Qué martirio!)
DON ONOFRE ¿Qué murmuras entre dientes?
Vehementísimo indicio
de tu culpa es tu silencio. 215
DON CÁNDIDO Pues bien, ¿cuál es mi castigo?
¡Si callo soy delincuente,
y ofendo cuando replico!
DON ONOFRE Ni callar, ni replicar.
DON CÁNDIDO Eso es imposible, tío. 220
DON MARCELO Vamos, será necesario
tomar con él un partido.
DON ONOFRE Sí, sí, por incorregible
debe echársele a un presidio.
DON MARCELO Aquí viene mi mujer 225
y nos dirá lo que ha habido.
Escena III
DON ONOFRE. DON MARCELO. DON CÁNDIDO. DOÑA JULIANA.
DOÑA JULIANA ¡Jesús, qué sofocación!
¡Jesús, Jesús, qué sobrino!
(Se sienta.)
DON ONOFRE ¿Qué te ha hecho ese bergante?
DOÑA JULIANA ¡Nunca le hubiera yo dicho 230
que me acompañase! ¡nunca
hubiera a casa venido!
Empeñado el muy zoquete
en ir siempre al lado mío
como si fuera un cortejo. 235
¡Ah qué afrenta! ¡qué suplicio!
Por más que haciéndole estaba
señas con el abanico
para que detrás viniera,
no he podido conseguirlo. 240
Ya se lo iba a decir claro,
cuando encuentro a don Faustino
y Conchita su mujer
al pasar por los Basilios.
Como ella es tan criticona 245
y tan vano su marido,
temía que ese señor
dijera algún desvarío
o les diera a conocer
que era mi pariente. Quiso 250
mi fortuna, o mi desgracia
más bien, que como es el niño
tan huraño y tan agreste,
sin dar lugar a mi aviso
se quedó a cierta distancia. 255
Con esto me tranquilizo,
y después de saludar
a mi amiga con cariño,
la propongo me acompañe
esta tarde en el Retiro, 260
cuando me agarra del brazo
ese zafio de improviso
y me dice: ¡Tía, tía!
¡Un coche! ¡Pronto, de un brinco
pase usted a la otra acera! 265
No sentí tanto el peligro
como verme abochornada
de tal modo. No he tenido
rato más malo en mi vida.
Estoy hecha un basilisco. 270
¡Qué atrevimiento! En la calle
llamarme tía, y a gritos!
DON CÁNDIDO No podía imaginar
que usted se hubiera ofendido
de que la llamase tía. 275
Ahora, si es un delito
el ser pariente de usted
porque en el mundo no brillo,
eso es otra cosa; pero,
señora, si no soy rico, 280
¿cómo lo he de remediar?
Esta pobreza en que gimo
no es consecuencia funesta
de algún vergonzoso vicio.
¡La muerte de un tierno padre 285
sólo me deja el conflicto
de llorarla, y la desgracia
de ser gravoso a mis tíos!
Yo quisiera...
DOÑA JULIANA Yo quisiera
que fuera usted más sumiso 290
y algo menos bachiller.
Sí, señor, así lo exijo.
¿Conque después que le estamos
colmando de beneficios,
aún nos viene usted con fieros? 295
Vaya, ¿si querrá ese erizo
que le pidamos perdón?
Cuando usted haya aprendido
a tratar con las señoras;
cuando sea usted tan fino 300
como su primo Joaquín,
depondré mi ceño esquivo
y no me desdeñaré
de llamarle deudo mío.
Pero no siendo elegante, 305
gracioso, amable, cumplido,
como él lo es; no entendiendo
el país de un abanico;
no sabiendo dar su voto
sobre el gusto de un vestido, 310
ni bailar un rigodón,
ni trinchar un palomino,
que me llame usted su tía
formalmente lo prohíbo.
DON ONOFRE Dice muy bien.
DOÑA JULIANA
Y cuidado 315
con no serme tan altivo.
Cuidado con respetar
el menor de mis caprichos.
Si no acomoda, ya puedes
tomar la puerta. Clarito. 320
Escena IV
DON ONOFRE. DON MARCELO. DON CÁNDIDO.
DON MARCELO ¿Ves a lo que das lugar
con tu imprudencia? Es preciso
enmendarse. ¿Qué te cuesta
darle gusto? ¿Qué perjuicio
se te sigue de ser dócil, 325
callado, humilde, expresivo
y cariñoso con ella?
Si se indispone contigo
es por tu bien. Por ahora
tus desaciertos olvido
330
y te quiero perdonar.
Procura no repetirlos
si deseas conservarte
en mi gracia. Harto te digo.
Escena V
DON ONOFRE. DON CÁNDIDO.
DON ONOFRE La reprimenda no es floja, 335
pero ¡vanos raciocinios!
A ti nada te hace mella.
Yo no sé a quién has salido,
tan torpe, tan bigardón,
tan ingrato, tan arisco, 340
tan... ¿Qué veo! ¿Estás llorando?
¡Ay qué gracia de angelito!
Vamos, desmáyate ahora.
¡Cuidado que es un prodigio
el muchacho! Con más cuartos 345
que un arriero vizcaíno,
¡llorar como una madama!
¿Y piensas que no concibo
que ese llanto es de soberbia?
¡Muy bien! ¡Estamos lucidos! 350
¡Sobre que ya no se puede
hacer bien en este siglo!
DON CÁNDIDO ¡Ah señor! El hacer bien
nunca...
DON ONOFRE Calla, que me irrito.
Tú has venido a deshonrarnos. 355
Mi hermano hizo un desatino
en recibirte en su casa
y darte el pan de sus hijos.
¿Si querrás que te contemplen
y que te traten con mimo? 360
¡Vaya, no faltaba más!
¿Por qué no naciste obispo?
Él te llena la bartola
y yo te calzo y te visto.
Pues ¿qué más quieres? Peor 365
fuera estar en el hospicio.
¡Ah qué bien dice el refrán!
Al que Dios no le da hijos,
para purgar sus pecados
el diablo le da sobrinos. 370
Escena VI
DON CÁNDIDO.
No es posible tolerar
tratamiento tan indigno.
Me avergüenzo del estado
de humillación en que vivo,
y sólo la fuga puede 375
salvarme del precipicio
a que tantas sinrazones
me conducen de continuo.
¡Huyamos, sí! Poco pierdo
en dejar tan triste asilo. 380
Mejor es morirme de hambre
que depender de mis tíos.
Escena VII
DON CÁNDIDO. DON JOAQUÍN.
(DON CÁNDIDO se queda triste y pensativo a un extremo de la escena. DON JOAQUÍN sale de su cuarto leyendo un papel con dirección a la habitación de DOÑA CATALINA.)
DON JOAQUÍN Perfectamente. No puede
estar mejor. Yo me pinto
sólo para hacer sonetos. 385
Ni Jerjes, ni Tito Livio
sirven para descalzarme.
¡Es mucho numen el mío!
Se lo voy a presentar...
¡Hola! Buenos días, primo. 390
Me alegro mucho de verte.
Ya sabes tú que me pico
de poeta. Vas a oír
este soneto que he escrito
a nuestra huéspeda amable 395
casi, casi de improviso.
Oye, y verás ¡qué conceptos
tan armoniosos! ¡qué estilo
tan bien medido! ¡qué rima
tan sentimental!
DON CÁNDIDO Amigo, 400
no estoy de humor para coplas.
Déjame.
DON JOAQUÍN Yo necesito
tu aprobación.
DON CÁNDIDO Yo lo apruebo
desde ahora sin oírlo.
DON JOAQUÍN No importa. Es un jefe de obra, 405
y lo has de oír.
DON CÁNDIDO (Estoy frito.)
DON JOAQUÍN
(Leyendo.)
Por mirarte con lúbrico entusiasmo
corta la parca mi vital estambre.
Me voy quedando ya como un alambre
y tú tienes la culpa. No me pasmo. 410
De tu desdén el rígido sarcasmo
en materias de amor me mata de hambre;
y cual si fueras cálido fiambre
no te puedo mirar sin pleonasmo.
Ni Venus misma con su hermoso físico 415
merece ser de Catalina el prólogo.
Pero ¿has de permitir que muera tísico?
¡Ah! bien puedo decir sin ser teólogo,
según me hieren tus miradas áridas,
que tus ojos, mi bien, son dos cantáridas. 420
¿Qué tal? ¿Se encuentran sonetos
de este mérito en los libros?
Cálido fiambre... ¡Vaya
si es donoso el adjetivo!
Lo del rígido sarcasmo 425
¿no es un concepto exquisito?
Confieso que el consonante
me tenía apuradillo.
Ya iba a abandonar la empresa,
cuando a mi socorro vino 430
la palabra pleonasmo,
grave, de hermoso sonido,
y sobre todo oportuna.
Eso de morirme tísico
es lo que enmendar quisiera; 435
pero ya está puesto en limpio
y así ha de ir. Vamos, hombre:
todavía no me has dicho
qué te parece.
DON CÁNDIDO ¿No acabas
de ponderarlo tú mismo? 440
DON JOAQUÍN No importa. Yo soy modesto
y a tu fallo me remito.
DON CÁNDIDO ¿Podré decir sin rebozo
mi dictamen?
DON JOAQUÍN Sí, sí, dilo.
DON CÁNDIDO Pues bien, a mí me parece 445
cada verso un solecismo.
DON JOAQUÍN ¿Te burlas, hombre?
DON CÁNDIDO No estoy
para burlas. Lo repito,
tu soneto es detestable.
DON JOAQUÍN Sólo un hombre tan borrico 450
como tú diría eso.
Vamos, bien dijo quien dijo,
que la miseria embrutece
a las gentes.
DON CÁNDIDO Si has creído
impunemente insultarme, 455
te equivocas, Joaquinito.
DON JOAQUÍN ¡Hola! ¿Conque eso es decir
que te batirás conmigo?
Pues bien, corriente. No doy
por tu vida dos cominos. 460
¿Cómo quieres que riñamos;
a cuchilladas, o a tiros?
Testamento... no lo harás,
se supone; esto lo digo
porque no tienes de qué. 465
¿Piensas buscar un padrino?
¿quieres que...
DON CÁNDIDO No quiero nada.
Soy opuesto a desafíos.
Lo que quiero es que me dejes
en paz y que tengas juicio. 470
DON JOAQUÍN Al fin eres un gallina
sin honor y sin principios.
DON CÁNDIDO Yo no conozco ese honor
que tanto los libertinos
decantan. En la virtud 475
únicamente lo cifro
y no en andar a estocadas
por tan frívolo motivo.
Yo sé respetar las leyes
y obedecerlas sumiso; 480
pero aunque ves que no peino
bigotes, ni espada ciño;
(Va acercándose a DON JOAQUÍN, y éste retrocediendo.)
ni llevo dos charreteras
que deslumbren con su brillo
en los bailes y en el Prado; 485
ni tengo hoja de servicios
llena, no de campamentos,
de batallas y de sitios,
sino de hospitalidades,
deserciones y castillos; 490
desprecio a los fanfarrones
que escupen por el colmillo,
y los doy de bofetadas
sin necesitar padrino.
DON JOAQUÍN Pero, hombre... no te sofoques. 495
Nunca ha sido mi designio
que fuéramos a matarnos.
¡Qué disparate! ¡dos primos!
Ya ves tú, los que tenemos
el genio así... un poco vivo, 500
nos excedemos a veces...
Vaya, vengan esos cinco
y olvidemos lo pasado.
Ya sabes tú que te estimo.
DON CÁNDIDO Harto hago con aguantar 505
la injusticia de mis tíos,
sin sufrir tus insolencias.
Procura en lo sucesivo
tratarme con más respeto,
porque si no...
(Amenazándolo a la cara.)
te confirmo. 510
Escena VIII
DON JOAQUÍN.
¡Toma! será muy capaz
de hacerlo como lo ha dicho.
¿Quién había de creer
que tuviera tantos bríos
un pobretón? No, con este 515
no es fácil sacar partido,
porque pudiera dejarme
de un bofetón sin carrillos.
Pero es mucha necedad
decir que no vale un pito 520
mi soneto. A bien que yo
estoy muy bien persuadido
de lo contrario, y me basta.
¡Eh! ya es tiempo de lucirlo
con la huéspeda. Yo voy 525
a leérselo ahora mismo.
¿Y si Plácida lo sabe?
La voy a tener de hocico
quince días. ¿Qué me importa?
Si a la viudita conquisto, 530
que es hermosa, rica y joven,
pronto con mi prima rifo
y desbarato la boda;
y si no saco partido,
fácil me es desenojarla, 535
y más estando los tíos
de mi parte, y teniendo ella
tantas ganas de marido.
(Entra en el cuarto de DOÑA CATALINA.)
Acto II
Escena I
DOÑA CATALINA. DON JOAQUÍN.
DON JOAQUÍN ¿Conque no permite usted
que la acompañe?
DOÑA CATALINA Mil gracias.
Necesito salir sola.
DON JOAQUÍN ¿Y no quedamos en nada?
DOÑA CATALINA Pues ¿no le he dicho a usted ya 5
que su soneto me encanta?
¿no he dicho que hay en sus versos
más bellezas que palabras?
Es verdad que muchas de ellas
a mi comprensión se escapan, 10
pero tienen cierto nervio
poético que arrebata;
y sobre todo el donaire
singular con que usted llama
cantáridas a mis ojos 15
me embelesa, me entusiasma.
DON JOAQUÍN Sí, cantáridas de amor
que me pican y me abrasan.
DOÑA CATALINA Es un soneto estupendo
lleno de fuego y de gracia. 20
Usted debía imprimirlo.
DON JOAQUÍN Ya se ve, de eso se trata.
Pronto va a salir a luz
con mis poesías varias
así que haya reunido, 25
que esto lo hago en dos semanas,
materiales para un tomo.
DOÑA CATALINA Siga usted con confianza
la carrera del Parnaso;
así con pluma y espada 30
será usted en poco tiempo
el ornamento de España.
DON JOAQUÍN Pero usted se desentiende
de la pasión que me inflama,
y hasta ahora no me ha dicho 35
si la aprueba o la desaira.
DOÑA CATALINA Según eso, ¿usted me quiere?
DON JOAQUÍN Esa pregunta me balda.
La quiero a usted con furor.
DOÑA CATALINA ¡Ay qué miedo! Usted me espanta. 40
DON JOAQUÍN ¿Tan feo soy?
DOÑA CATALINA Nada de eso;
pero ¿quién no se acobarda
con un amante furioso?
DON JOAQUÍN Esto es ponderar mis ansias
usando de una figura, 45
retórica que se llama
Sinalefa.
DOÑA CATALINA ¡Ah! bien; ya estoy
más tranquila. Yo pensaba,
como es usted militar,
que enamorar a las damas 50
era para usted lo mismo
que asaltar una muralla.
DON JOAQUÍN ¡Qué dicha fuera la mía
si esa mano delicada...
(Quiere tomársela y ella la retira.)
DOÑA CATALINA Verdad es: déjela usted 55
que se quiebra si la palpan.
DON JOAQUÍN Perdone usted, Catalina.
El cariño me arrebata.
Yo apasionado, usted bella...
En fin, el diablo las carga. 60
Como me quisiera usted,
dejaría a diez muchachas
que están perdidas de amores
por mí.
DOÑA CATALINA La fineza es rara.
Fuerza es que yo valga mucho 65
para desbancar a tantas.
¿Y dejará usted también
a su prima cuando trata
de ser su esposo?
DON JOAQUÍN Señora,
no crea usted tal patraña. 70
Mi mano no es para ella.
Si mi hermosa gaditana
la aceptase, yo sería
más dichoso que un monarca.
¡Ah! sáqueme usted de penas, 75
Catalinita de mi alma.
¿Dirá usted que sí? Si no,
voy a meterme en la Trapa.
DOÑA CATALINA Sería lástima.
DON JOAQUÍN Vamos,
¿qué resuelve usted?
DOÑA CATALINA ¿Yo? Nada. 80
DON JOAQUÍN ¡Y con esa frialdad...!
¿Piensa usted que hablo de chanza?
DOÑA CATALINA ¡Qué quiere usted! ¡Soy tan fría!
DON JOAQUÍN (Sí, lo mismo que una fragua.)
¿No mereceré de usted 85
que me responda?
DOÑA CATALINA Mañana.
DON JOAQUÍN ¿Mañana?
DOÑA CATALINA O cualquiera día.
¿Tiene usted prisa?
DON JOAQUÍN Usted trata
de que yo me vuelva loco.
Vaya; por ahora basta. 90
Pero ¿podré concebir
alguna dulce esperanza?
DOÑA CATALINA Sí, señor, espere usted
cuanto le diere la gana.
¿Quién se lo puede estorbar? 95
DON JOAQUÍN Señora... Infinitas gracias.
Beso a usted los pies. (¡Qué chusca
es la andaluza! ¡Caramba!)
Escena II
DOÑA CATALINA.
¡Qué apunte es el capitán!
¿Si pensará que me engaña? 100
¡A buena parte se arrima!
¿Pensará que soy tan fatua
como su prima? Otras prendas
han de tener, otras gracias
más sólidas los que aspiren 105
a mi amor. Su petulancia
ridícula...
Escena III
DOÑA CATALINA. DON CÁNDIDO.
DON CÁNDIDO Buenos días,
mi señora...
DOÑA CATALINA Yo pensaba
que ya se había usted muerto.
¡Cómo, en toda la mañana 110
no saludar a su amiga!
DON CÁNDIDO Disimule usted mi falta.
Quiso que la acompañase
mi tía doña Juliana,
y entre ella y los otros tíos 115
después una hora larga
me han estado predicando
como acostumbran.
DOÑA CATALINA ¡Canalla!
Hoy mismo me he de mudar
aunque sea a una posada 120
por no verlos. ¡Qué mal hice
en ceder a las instancias
de don Marcelo!
DON CÁNDIDO A un esclavo
no tratarían con tanta
inhumanidad.
DOÑA CATALINA ¡Infames! 125
¿Aún no ha tenido usted carta
de don Bruno?
DON CÁNDIDO No, señora.
Con bastante repugnancia
lo escribí, como usted sabe,
y así no extraño que se haya 130
desentendido. Mi tío
don Marcelo no me engaña.
Él me aborrece; él recuerda
más bien que mi suerte infausta
la enemistad de mi padre.
135
¡Ah! ¡todos me desamparan!
Pero usted iba a salir
y no debo molestarla.
DOÑA CATALINA No, señor; no tengo prisa.
Usted no ha perdido nada 140
en escribir a don Bruno.
No hay duda que si trataba
de estorbarlo don Marcelo,
es porque teniendo fama
de rico y caritativo, 145
y siendo tan avanzada
su edad, temía que usted
alguna parte heredara
de sus bienes. En verdad,
ya me parece que tarda 150
en contestar. Sin embargo,
no pierdo las esperanzas.
Y si al fin es tan pariente
como los demás, no faltan
jamás al hombre de bien 155
almas benignas y francas
que sin ser tíos ni primos
se duelan de sus desgracias.
Don Cándido, nadie sabe
lo que le espera mañana. 160
DON CÁNDIDO Usted dirá lo que quiera,
pero yo no tengo tanta
filosofía. Harto sé
que nací en hora menguada,
y en vano es alimentarme 165
de ilusiones y fantasmas.
DOÑA CATALINA ¿Ilusiones? Bien: hablemos
de otro asunto. En confianza
voy a descubrir a usted
cosas de mucha importancia. 170
Sepa usted que he desbancado
a su cara prima. Vaya,
¿no celebra usted mi triunfo?
¿Por qué pone usté esa cara?
DON CÁNDIDO Señora...
DOÑA CATALINA ¿Lo siente usted? 175
DON CÁNDIDO (Yo no sé lo que me pasa.)
DOÑA CATALINA ¿Tomaría usted a mal
que yo fuese capitana?
DON CÁNDIDO Yo quisiera que usted fuese
feliz.
DOÑA CATALINA Y si me casara
180
con don Joaquín ¿lo sería?
DON CÁNDIDO Yo no lo sé. ¿Usted le ama?
DOÑA CATALINA Yo... ¿Qué me aconseja usted?
DON CÁNDIDO Señora, ¿a usted le hacen falta
mis consejos para amar? 185
No he visto cosa más rara.
Yo pensaba que el amor
era una pasión tirana
que sin consultar a nadie
subyugaba nuestras almas. 190
DOÑA CATALINA ¿Y de quién lo sabe usted?
DON CÁNDIDO De mí mismo.
DOÑA CATALINA ¡Calla, calla!
¿Usted también tiene amor?
DON CÁNDIDO Sí, señora. ¿Usted lo extraña?
DOÑA CATALINA ¿Y es usted correspondido? 195
DON CÁNDIDO No, señora.
DOÑA CATALINA ¡Con qué calma
lo dice usted!
DON CÁNDIDO ¿No sería
la mayor extravagancia
desesperarme por eso?
¿Me habré de colgar de rabia 200
por dar gusto a mi rival?
DOÑA CATALINA Pero ¿quién es esa ingrata?
DON CÁNDIDO Usted... la conoce mucho:
DOÑA CATALINA yo no me atrevo a nombrarla.
¿Sabe ella que usted la quiere? 205
DON CÁNDIDO Yo no le he dicho palabra;
y ahora me alegro mucho.
DOÑA CATALINA Pues alabo la cachaza.
¿Esperaba usted acaso
a que ella se declarara? 210
DON CÁNDIDO Mi situación...
DOÑA CATALINA Es usted
un pobre hombre.
DON CÁNDIDO Yo temblaba...
DOÑA CATALINA Pues ¡qué! ¿es alguna serpiente?
DON CÁNDIDO Si fuera yo con las damas
tan feliz como Joaquín... 215
DOÑA CATALINA Será con las que se pagan
del oropel engañoso,
de la frívola elegancia,
de la necia afectación,
y en fin, de apariencias vanas. 220
Pero yo que, aunque parezco
coqueta y atolondrada,
tengo el corazón muy limpio
y la cabeza muy sana,
distingo perfectamente 225
lo que es grano y lo que es paja,
y desprecio como debo
las ridículas monadas
de un adonis confitado
con bucles y sin sustancia. 230
DON CÁNDIDO ¿Es decir que usted no quiere
a mi primo?
DOÑA CATALINA Me estomaga,
me fastidia hasta no más.
DON CÁNDIDO ¡Y con todo, usted aguanta
que la enamore! ¡Y tal vez 235
le pondrá muy buena cara!
DOÑA CATALINA Quiero reírme a su costa.
Quiero dejar humillada
su insolente vanidad
y su impertinente audacia. 240
En fin, quiero consentirle
para darle calabazas.
DON CÁNDIDO Yo sentiría en extremo
que usted con él se casara;
y temía...
DOÑA CATALINA No, hijo mío: 245
no soy yo tan insensata.
Pero de ese sentimiento
¿se puede saber la causa?
DON CÁNDIDO ¿Pues no sería dolor
que una señora adornada 250
de tantas amables dotes
de ese mico se prendara?
DOÑA CATALINA Ya se ve; y usted se explica
con tanto interés, con tanta
energía, que cualquiera 255
diría...
DON CÁNDIDO ¿Qué?
DOÑA CATALINA Que usted no habla
con mucha imparcialidad.
DON CÁNDIDO Y puede ser que acertara,
porque el amor...
DOÑA CATALINA (Afectando enojo.)
¿Qué? ¿qué dice
usted del amor?
DON CÁNDIDO ¿Yo?... Nada. 260
Quise decir otra cosa.
DOÑA CATALINA No, señor; usted me engaña.
Y si no, ¿por qué razón
me mira, se turba y calla?
DON CÁNDIDO Y usted ¿qué motivo tiene 265
para ponerse encarnada?
DOÑA CATALINA Usted se muere por mí,
y finge que no me ama.
DON CÁNDIDO Y a usted quizá no le pesa,
aunque finge que se enfada. 270
Escena IV
DOÑA CATALINA. DON CÁNDIDO. DON ONOFRE.
DON ONOFRE ¡Voto va! hoy he descuidado
mi visita cotidiana.
¿Usted va a salir, mi vida?
DOÑA CATALINA Sí, señor, si usted no manda
otra cosa. Hasta después. 275
DON ONOFRE Vaya usted con Dios, salada.
Escena V
DON ONOFRE. DON CÁNDIDO.
DON ONOFRE ¡Cáspita, qué aire de taco!
Hoy está la gaditana
de mal temple. Apostaría
a que alguna cerrilada 280
de las tuyas... ¿Qué le has dicho?
DON CÁNDIDO ¿Yo? Ni una sola palabra
que la pueda incomodar.
DON ONOFRE ¿Si querrás enamorarla?
DON CÁNDIDO Bien pudiera ser.
DON ONOFRE ¿Qué es eso? 285
DON CÁNDIDO ¡Bueno! y porque yo la amara
¿sería...?
DON ONOFRE Sería un crimen,
sería una extravagancia,
una insolencia, un absurdo,
y si yo lo averiguara 290
te costaría bien caro.
Pues ¡qué! ¿así se cogen gangas?
¡Vaya! Conque yo que soy
un señor de circunstancias;
gracioso, vivo, elegante 295
y, aunque peino algunas canas,
robusto como una encina
y verde como una grama;
yo que soy un propietario
y tengo muchas medallas,
300
no me atrevo a pretenderla,
aunque me tiene hecho un ascua;
y tú que eres un piojoso
sin chirumen y sin gracia,
¿tienes la desfachatez, 305
¡pícaro! de requebrarla?
DON CÁNDIDO ¡Tío, por Dios! Usted quiere
que me desespere y haga
una locura.
DON ONOFRE ¡A su tío
quererle soplar la dama! 310
DON CÁNDIDO Si yo...
DON ONOFRE ¡Bribón! ¿de este modo
tantos beneficios pagas?
DON CÁNDIDO Yo ¿qué beneficios...
DON ONOFRE Pero
yo te cortaré las alas.
DON CÁNDIDO ¿Quiere usted dejarme en paz? 315
DON ONOFRE
Lo mismo eres que una tapia.
Ni consejos, ni desaires,
ni reprensiones te bastan.
Eres incapaz.
(Quiere irse DON CÁNDIDO, y le detiene.)
Espera,
que no quiero que te vayas 320
sin oír todo el sermón.
Hombre, ¡que sea tan crasa
tu estupidez! Si la viuda
tus necedades aguanta,
es por burlarse de ti. 325
¿No conoces la distancia
que hay entre los dos? No sé,
no sé cómo tienes cara
para presentarte a ella.
Y así..., con tan mala traza... 330
¡Calla! ¿Qué veo! ¡Ya has roto
la levita!
DON CÁNDIDO (Se me acaba
la paciencia.)
DON ONOFRE Los ojales
desbaratados, las mangas
todas hechas un girón... 335
Esto pasa de la raya.
¿Hay valor para romper
en menos de tres semanas
una levita flamante?
Diez años hará por pascua 340
que la estrené. En tanto tiempo
ni un desgarrón, ni una mancha
se ha visto en ella; y con todo,
casi siempre la llevaba.
¿Quién me diría que tú 345
tan pronto la destrozaras!
¿No es un cargo de conciencia?
Pues ya puedes remendarla,
porque yo no te doy otra.
DON CÁNDIDO Tampoco yo la tomara. 350
DON ONOFRE Eso sí, pobre y soberbio.
Aún querrás echarme plantas.
DON CÁNDIDO Demasiado tiempo he sido
humilde con quien me trata
con tan poca caridad. 355
Escena VI
DON CÁNDIDO. DON ONOFRE. PLÁCIDA.
PLÁCIDA Ya puedes sacar la cama
y los trastos de tu cuarto.
Prontito, que me hace falta
tenerlo vacío. ¿Entiendes?
DON ONOFRE ¿Qué prisa es esa, muchacha? 360
¿Quién lo ha de habitar?
PLÁCIDA Gertrudis,
mi nodriza, que ahora acaba
de llegar de Villaverde.
¡Me quiere tanto! ¡es tan guapa!
Viene a pasar con nosotros 365
una corta temporada,
y no puedo menos...
DON ONOFRE Sí,
es necesario hospedarla
con toda comodidad.
(A DON CÁNDIDO.)
Al instante que se vaya 370
a su lugar, te prometo
que volverás a tu sala.
Mientras tanto en la guardilla
te acomodas, o en la cuadra
con los mozos.
DON CÁNDIDO No, señor. 375
Yo le doy a usted las gracias
por su hospedaje. No pienso
dormir más en esta casa.
DON ONOFRE ¡Hola! ¿con humos me vienes?
DON CÁNDIDO Tío, ya basta de infamias, 380
y ni de usted ni de nadie
quiero más tiempo aguantarlas.
Conque así...
DON ONOFRE ¿Cómo se entiende?
¡Pícaro! ¿tú me amenazas?
¿Tú me pierdes el respeto? 385
DON CÁNDIDO Tanto es lo que usted me ultraja,
que si no fuera mi sangre
y no mirara a sus canas...
DON ONOFRE ¡Insolente! ¡galopín!
¡Que no tuviera una tranca! 390
Escena VII
DON CÁNDIDO. DON ONOFRE. PLÁCIDA. DON MARCELO. DOÑA JULIANA.
DON MARCELO ¿Qué es eso?
DON ONOFRE No tienes tú
la culpa, sino el que ampara
a un bribón, a un haragán.
DOÑA JULIANA Pero bien, ¿cuál es la causa
de tantos gritos? Sepamos 395
quién...
DON ONOFRE ¡Cría cuervos, Juliana,
y te sacarán los ojos!
PLÁCIDA Mire usted, toda su rabia
es sólo porque le he dicho
que desocupo su estancia 400
para alojar a Gertrudis.
DON ONOFRE Sí, señor, y el muy canalla
se ofende de una medida
tan justa y tan necesaria;
y me levanta la voz; 405
y se me sube a las barbas.
DON MARCELO Mira que ya estoy cansado
de sufrirte.
DOÑA JULIANA Sí, ya basta
de contemplaciones. Yo 410
no estoy para templar gaitas.
¡Hola! de fuera vendrá
quien nos echará de casa.
Pues, hijo mío, desde hoy
libro nuevo; yo soy clara. 415
Si te hemos de mantener,
has de ver cómo lo ganas.
Aquí nos sacrificamos
por ti, pero tú no tratas,
ya que no nos das decoro, 420
de complacernos en nada.
Se acabó la sopa boba.
¿Lo entiendes? Desde mañana
me harás la compra, hijo mío;
que no está lejos la plaza, 425
ni creo yo que por esto
la venera se te caiga,
y después...
DON CÁNDIDO Piadosos tíos,
benigna doña Juliana,
amable primita, escuchen 430
ustedes cuatro palabras.
Yo, no lo puedo negar,
soy más pobre que las ratas,
pero aunque huérfano y pobre,
tengo vergüenza, a Dios gracias. 435
El pan que me dan ustedes
de malditísima gana,
ese pan que a todas horas
me echan ustedes en cara,
yo me lo sabré buscar 440
sin deber a ustedes nada;
yo lo tendré sin bañarlo
con mis lágrimas amargas.
Yo serviré; sí, señores,
pero será sin infamia: 445
no a parientes despiadados
y ruines, sino a mi patria.
No espero grandes riquezas,
sino peligros y balas,
pero tendré pan y gloria, 450
que para un soldado basta.
Yo viviré muy gozoso
con mis bravos camaradas,
sin un tío don Marcelo
que siempre ingrato me llama, 455
cuando peor veinte veces
que a su caballo me trata.
Sin un tío don Onofre
que me insulta y me regaña
sin dejarme responder, 460
haya motivo, o no le haya:
que me ha dado una levita
achacosa, derrotada,
y tan raída, que sólo
de cepillarla se rasga;
465
y con todo, es tan tacaño
que por nueva me la pasa,
y de verla destruida
se escandaliza y espanta.
Viviré lejos de un primo 470
necio, petulante y mandria,
que desafía a las gentes
si sus sonetos no alaban,
y luego pide perdón
al que no teme bravatas. 475
Lejos de una prima tonta,
superficial, sin crianza,
impertinente, aturdida.
Lejos en fin de una vana
y quijotesca señora, 480
que como esclavo me manda,
y cuando la llamo tía
se enfurece o se desmaya.
A todas estas verdades
una que añadir me falta: 485
cuando uno tiene parientes
de tan perversas entrañas,
no conoce la vergüenza
ni el honor si los aguanta.
Escena VIII
DON ONOFRE. DON MARCELO. DOÑA JULIANA. PLÁCIDA.
DON ONOFRE ¡Qué sarta de iniquidades! 490
¿Y hemos podido tragarlas
sin romperle las narices?
PLÁCIDA ¡Llamarme a mí mentecata
y superficial!
DON MARCELO Yo siento
que haga una calaverada. 495
DON ONOFRE Y bien, ¿qué le hemos de hacer?
DOÑA JULIANA Bendito de Dios se vaya,
y no parezca en su vida.
Vamos a comer.
DON MARCELO ¿No aguardas
a la huéspeda?
DOÑA JULIANA La tiene 500
convidada su paisana.
Vamos. Desde hoy habrá paz
y alegría en esta casa.
Acto III
Escena I
DOÑA JULIANA. PLÁCIDA. DON JOAQUÍN. INÉS.
DOÑA JULIANA Vamos, que hace buena tarde.
Ponte bien esa mantilla.
PLÁCIDA ¿Al Prado?
DOÑA JULIANA Bien.
PLÁCIDA ¿Y papá?
DOÑA JULIANA Ya se marchó a las Delicias
con tu tío don Onofre.
5
PLÁCIDA Oyes; cuida mi perrita.
INÉS Bien está.
DOÑA JULIANA ¿Qué tienes tú,
Joaquín? ¿Estás triste?
DON JOAQUÍN Tía,
tengo un esplín de mil diablos.
PLÁCIDA Esa tristeza imprevista 10
bien sé yo de dónde nace.
Como doña Catalina
no nos acompaña... ¿Piensas
que aunque soy una chiquilla
se me escapa nada?
DON JOAQUÍN ¡Vaya, 15
que has tomado una manía
particular! Mi cariño
sólo tú, amable primita,
lo mereces.
(A DOÑA JULIANA.)
¿No es verdad?
DOÑA JULIANA Quién hace caso de niñas? 20
DON JOAQUÍN La viudita, bien mirado,
no es una grande conquista,
y como quisiera yo,
tal vez... Pero me fastidia.
PLÁCIDA ¿Por qué?
DON JOAQUÍN Porque sabe mucho. 25
PLÁCIDA Ya; tú las buscas tontitas
para engañarlas mejor.
DON JOAQUÍN ¡Qué disparate!
PLÁCIDA Pues mira:
basta que mamá lo mande,
te amaré toda mi vida 30
como tú me seas fiel;
mas si sé que solicitas
a la viuda, hago las paces,
aunque la mamá me riña,
con el cadete de guardias 35
que despedí el otro día.
DON JOAQUÍN No, no llegará ese caso,
dulce y adorada prima.
(La abraza.)
DOÑA JULIANA ¡Niños, niños! poco a poco.
DON JOAQUÍN (Acariciando a su tía.)
No se enfade usted, tiíta. 40
Ya ve usted, ¡tengo este genio
tan bullicioso! ¡Qué linda
carretela le han traído
de París a Taravilla
mi amigo, el marqués del Junco! 45
¡Preciosísima! Daría
cualquiera cosa... ¡Ah! ¿no saben
ustedes una noticia?
¡Cosas como las que pasan
en el mundo! La sobrina 50
de don Claudio el boticario
salió antes de ayer a misa
y no ha vuelto a parecer.
Su padre está echando chispas.
Anoche me lo dijeron 55
en casa de doña Higinia.
Por cierto que desde entonces...
¡Tengo una suerte maldita!
¿No sabe usted quién tallaba?
El teniente de milicias 60
don Toribio. ¡Vaya un cuco!
Se empeñó en echar judías
y perdí sesenta pesos;
pero me cayó una rifa.
DOÑA JULIANA ¿Sí? ¿Y es cosa de valor? 65
DON JOAQUÍN No, señora; media libra
de cigarros. ¡Qué bien toca
el piano Dolorcitas!
Su hermano es un botarate.
Me han dicho que la modista 70
de ahí enfrente baila bien;
y, aunque está comprometida
con un cesante de Propios...
DOÑA JULIANA ¡Jesús, qué tronera! ¿Olvidas
que te estamos esperando? 75
DON JOAQUÍN Tiene usted razón. ¡Matías!
Escena II
DOÑA JULIANA. PLÁCIDA. INÉS. DON JOAQUÍN. MATÍAS.
MATÍAS Mande usted, mi capitán.
DON JOAQUÍN El sombrero; date prisa,
y el sable.
MATÍAS Voy al instante.
Escena III
DOÑA JULIANA. PLÁCIDA. INÉS. DON JOAQUÍN.
PLÁCIDA ¿Si veremos a Conchita? 80
DON JOAQUÍN ¿Qué habrá sido de mi primo?
DOÑA JULIANA
No me hables de él, que me indigna
su memoria. Aunque le vea
llorar a lágrima viva
y pedirme mil perdones, 85
no haya miedo que le admita
en mi casa.
DON JOAQUÍN Ha sido un bruto.
Él ha perdido una viña
con dejar a ustedes. No,
no hará tan buena barriga 90
en el cuartel; y si da
con un cabo loco...
(Llega MATÍAS con el sombrero y el sable de DON JOAQUÍN.)
Escena IV
DOÑA JULIANA. PLÁCIDA. INÉS. DON JOAQUÍN. MATÍAS.
DON JOAQUÍN Quita
esa funda, majadero.
(Toma el sombrero. MATÍAS quita la funda al sable.)
Él ya ha hecho la tontería
de sentar plaza a esta fecha. 95
¡Eh! su letra no es malita,
y tiene buena figura.
¿Quién sabe... Si no se vicia
puede ser que haga carrera.
Con veinte añitos que sirva, 100
basta para ser sargento.
Entonces va es otra vida:
y luego ¡el premio de nueve!
Vamos, trae...
(Toma el sable y se lo ciñe.)
Solicita
una plaza en el resguardo; 105
la consigue; se retira,
y es feliz. Eh, ya estoy listo.
Venga la mano.
DOÑA JULIANA A tu prima,
que yo bajo muy despacio.
(Vanse DON JOAQUÍN y PLÁCIDA.)
Cuida de casa, Inesilla. 110
¡Qué talentazo de joven!
¡qué imaginación tan viva!
¡qué gracia! Vamos, él es
la honra de la familia.
Escena V
INÉS. MATÍAS.
INÉS ¡Jesús, qué gente, Dios mío! 115
No sé cómo hay quien los sirva.
¡Y qué compasión me da
don Cándido! ¡Qué injusticias,
qué perrerías han hecho
con él! Al cabo le obligan 120
a una desesperación.
MATÍAS Tienen muy malas partidas
estos señores.
INÉS ¡Qué bien
hace en perderlos de vista!
Da lástima, porque al cabo 125
se crió en buenas mantillas;
pero, no digo un fusil,
el presidio de Melilla
es más dulce que aguantar
parentela tan inicua. 130
¡Pobrecito! ¡Y a tu amo
que es un loco, un mariquita,
libertino y jugador,
tantos agasajos! Ira
me da sólo de pensarlo. 135
MATÍAS Pues no sabes todavía
lo que es bueno. Yo pudiera
decirte ciertas cosillas...
INÉS ¿Sí? Dímelas.
MATÍAS No me atrevo.
INÉS Hombre, ¿de mí no te fías? 140
MATÍAS Si sabe que le descubro
me arrea un pie de paliza
que no me podré lamer.
INÉS Nada de cuanto me digas
se sabrá, que, aunque criada, 145
soy de chismes enemiga,
y sé guardar un secreto.
MATÍAS Pues escucha: en Algeciras
se jugó siete mil reales
que eran de la compañía, 150
y por eso estuvo un año
en el fuerte de Chinchilla.
Cuando volvió al regimiento
le nombraron de partida
para perseguir ladrones, 155
vagos y contrabandistas;
y a todos les daba suelta
si largaban la propina.
¡Vaya un modo de robar
entre él y el sargento Díaz! 160
Otra vez tuvo un bromazo
en Cabra; cogió una chispa,
y le dio por ser valiente,
y eso que él es muy gallina
con todos menos conmigo. 165
Entró en casa de unas tías
a la tremenda; y al golpe,
más prontito que la vista,
le quitó el sable un paisano
y le llevó calle arriba 170
a leñazos. ¡Ca! No he visto
hombre más malo en mi vida.
Los soldados no le quieren;
los cabos le tienen tirria;
los sargentos le desprecian; 175
los subalternos le silban;
los capitanes le escupen,
y los jefes le castigan.
Cuando no está preso, le andan
buscando, y él cada día 180
es peor. Más trampas tiene
que un sastre dice mentiras,
y en su hoja de servicios
más notas feas que líneas.
INÉS ¿Y cómo está tanto tiempo 185
fuera de su cuerpo?
MATÍAS Chica,
yo no sé. Él lo que es licencia
para Madrid, la tenía;
pero hace ya cuatro meses
que se acabó.
INÉS Si averiguan 190
su historia...
MATÍAS ¡Oh! sí; nos despiden
a patadas.
INÉS A él le estiman
sólo por las charreteras,
y si un día se las quitan...
MATÍAS Más seguro tendrá eso 195
que un ascenso.
INÉS Le estaría
muy bien al tonto de mi amo
que le atrapase la hija
y...
MATÍAS Buen provecho. A nosotros
¿qué se nos da?
INÉS A mí maldita 200
la cosa.
(Suena la campanilla.)
MATÍAS Pues a mí...
INÉS Chito,
que están llamando. Anda, mira
quién es.
Escena VI
INÉS.
¡Qué diablo de casa!
Como doña Catalina
me quisiera recibir... 205
Ella es.
Escena VII
DOÑA CATALINA. INÉS.
DOÑA CATALINA ¿Y la familia?
INÉS Han salido a pasear.
DOÑA CATALINA ¿Y también con ellos iba
don Cándido?
INÉS Según eso,
no sabe usted todavía 210
lo que pasa.
DOÑA CATALINA No sé nada.
INÉS Se ha marchado, señorita,
y acaso no volveremos
a verle. Como una niña
he llorado. Sus roñosos 215
tíos y su insulsa prima
le han ajado hasta no más,
le han hecho mil felonías,
y por fin han apurado
su paciencia. ¡Dijo que iba 220
a sentar plaza!
DOÑA CATALINA ¿Qué dices!
¿Y no hubo un alma benigna
que le detuviera? ¡Infames!
INÉS No, señora. A sangre fría
su resolución oyeron, 225
y tienen tan malas tripas
que permitieron se fuese
sin comer.
DOÑA CATALINA ¡Qué Dios asista
a una gente tan perversa!
Nada de esto pasaría 230
si hubiera estado yo en casa.
¡Oh vanidad! ¡oh avaricia
detestable! (Acaso yo
soy causa de su desdicha;
¡yo que a hacerle venturoso 235
estaba tan decidida!)
¡Infeliz! Ya será tarde.
Si yo pudiera... Matías
acaso le encontrará.
Corre; que le busque aprisa 240
por todo Madrid; ¿entiendes?
(Suena la campanilla.)
Y si le ve, que le diga...
Mira primero quién llama.
Escena VIII
DOÑA CATALINA.
Las leyes de la milicia
son tales que, si obcecado 245
en las banderas se alista,
en vano... ¿Qué veo! Él es.
¡Ay Dios! ¿Si serán tardías
mis lágrimas?
Escena IX
DOÑA CATALINA. DON CÁNDIDO.
DOÑA CATALINA ¡Es posible,
don Cándido! ¿Usted olvida, 250
usted quiere abandonar
a su verdadera amiga?
DON CÁNDIDO Así lo quiere, señora,
la insufrible tiranía
de mis parientes. No hay nada 255
que me acobarde o me aflija
en la penosa existencia
que me aguarda. Las fatigas,
las privaciones, los riesgos
serán para mí delicias 260
lejos de esta gente. Acaso
culpará usted la medida
que he tomado; pero yo
la considero precisa
para salvar mi virtud 265
que he visto comprometida
tantas veces. Si me quejo
de mi fortuna mezquina,
usted sabe bien por qué,
sin que mi lengua lo diga; 270
usted que ve en este instante
el fondo del alma mía.
DOÑA CATALINA Conque, en fin ¿ya no hay remedio?
¡Nos deja usted!
DON CÁNDIDO Sí; reciba
usted mi postrer adiós. 275
En la tienda de la esquina
me han dicho que a pasear
salió toda la familia,
y por eso me he atrevido
a subir.
DOÑA CATALINA Muy ofendida 280
debo estar de un proceder
tan injusto. ¿No era digna
de que usted me consultase
primero? ¿Yo sufriría
que el mejor de mis amigos 285
pereciese, siendo rica,
compasiva y generosa,
aunque lo diga yo misma,
más que todos los parientes
del mundo?
DON CÁNDIDO No me atrevía 290
a comprometer a usted.
DOÑA CATALINA Esa es una intempestiva
delicadeza, que yo
llamo orgullo o cobardía.
En fin, ya es usted soldado. 295
¡A bien poco se limita
su ambición!
DON CÁNDIDO Aún no lo soy.
DOÑA CATALINA ¡Cómo!...
DON CÁNDIDO Ya estaba extendida
la filiación; pero el jefe
cuando iba a poner mi firma 300
me mandó volver mañana,
diciendo que así tendría
lugar de pensarlo bien.
DOÑA CATALINA No me paga usté en su vida
el mal rato que me ha dado. 305
DON CÁNDIDO
Salí pues de la oficina,
y, resuelto a no mudar
de pensamiento, venía
a despedirme de usted.
DOÑA CATALINA Agradezco a usted su fina 310
atención. Vamos, ¿y ahora?
¿es cierta la despedida?
¿está usted determinado
a incorporarse en las filas
de los valientes?
DON CÁNDIDO Señora... 315
DOÑA CATALINA ¿Podrá usted con la mochila?
DON CÁNDIDO Usted se burla de mí.
¿Acaso es cosa de risa...
DOÑA CATALINA No hace mucho que he llorado:
deje usted que ahora me ría. 320
DON CÁNDIDO ¡Qué escucho! ¿Yo he merecido
que la amable Catalina
llore por mí?
DOÑA CATALINA Usted va a ver
si soy o no soy su amiga.
Mire usted: yo no soy fea; 325
¿cierto?
DON CÁNDIDO Es usted peregrina,
es usted...
DOÑA CATALINA Veinte y cinco años
no es una edad excesiva,
me parece.
DON CÁNDIDO ¡Qué preguntas,
señora, a quien no respira 330
más que amor y gratitud...!
DOÑA CATALINA Yo tengo en Andalucía
haciendas considerables
y en Castilla muchas fincas;
soy viuda, pero sin hijos; 335
detesto la hipocresía,
y me gusta divertirme,
pero nadie con justicia
puede tachar mi conducta...
DON CÁNDIDO ¡Ah señora! ¡Qué prolija 340
digresión! Perdone usted;
ya sé adónde se encamina
ese discurso. Usted puede
juzgarlo por mi alegría,
por la dulce agitación... 345
DOÑA CATALINA Me ha gustado mucho el clima
de Madrid...
DON CÁNDIDO
¡Por Dios! ¿Qué tiene
que ver eso con mi dicha?
DOÑA CATALINA Es decir que ya una vez
en la corte establecida, 350
y con tantas circunstancias
para excitar la codicia
de un novio, aspirar pudiera
a bodas muy distinguidas;
pero usted conocerá 355
que mi corazón se inclina...
DON CÁNDIDO Basta, señora: no puedo
más. ¡Oh fineza inaudita!
¡oh ventura! Yo era amado
de la hermosa Catalina; 360
¡y la pagaba tan mal
que de sus ojos huía!
Yo soy el mortal feliz
a quien su mano destina;
yo soy...
DOÑA CATALINA ¡Eh! poquito a poco, 365
señor mío. Usted delira.
Vaya, vaya; ¡pues me gusta
la ocurrencia! Usted creía
verse ya... ¡Buenos estamos!
¡Caramba con el mosquita 370
muerta!
DON CÁNDIDO (No sé dónde estoy.)
DOÑA CATALINA Yo soy una buena amiga
de usted, una apasionada
que le protege y le estima;
pero estimación y amor 375
son dos cosas muy distintas.
DON CÁNDIDO Poco debe de estimarme
quien así me martiriza;
quien se regocija en verme
padecer. ¡Ah! yo creía 380
que era usted más generosa.
DOÑA CATALINA ¡Cómo! Mi amistad se obliga
a facilitar a usted
una subsistencia digna
de su cuna y sus virtudes, 385
sin exigir que me sirva
ni me adule, a imitación
de su despreciable tía.
Si esto no es ser generosa,
que venga Dios y lo diga. 390
DON CÁNDIDO ¡Ah! sí. Pero ¿usted presume
que mi ventura se cifra
en eso sólo?
DOÑA CATALINA Pues ¿qué
quiere usted? ¿Que yo le elija
para marido?
DON CÁNDIDO ¡Señora!... 395
Quiero que usted me permita
rehusar sus beneficios.
DOÑA CATALINA Está buena la salida.
DON CÁNDIDO ¿Qué me importan las riquezas,
¡cruel! con que usted me brinda 400
después de oír el funesto
desengaño que me priva
de mi más dulce esperanza?
Yo no debí concebirla;
es cierto, pero quizá 405
toda la culpa no es mía.
(Se arroja a los pies de DOÑA CATALINA.)
Tal vez esa misma boca,
que ahora sólo conspira
a mi desesperación,
ha pronunciado propicia 410
acentos consoladores.
Esos ojos, que me inspiran
tanto amor, tal vez hoy mismo
el placer me prometían.
Sea loca presunción 415
en mí, o en usted perfidia,
jurara que en este instante
más amorosos me miran,
y yo...
(Suena la campanilla. DON CÁNDIDO se levanta.)
DOÑA CATALINA Levántese usted,
que tocan la campanilla. 420
(¡Y a qué buen tiempo! Si tardan
dos minutos, soy perdida.)
Escena X
DOÑA CATALINA. DON CÁNDIDO. DON BRUNO.
DON BRUNO ¡Cándido!
DON CÁNDIDO No, no me engaño.
Él es. ¡Tío de mi vida!
(Se abrazan.)
DON BRUNO Tan mal vestido... Ya veo
425
que en tu carta no mentías.
DOÑA CATALINA Aquí le han hecho penar
más de lo que usted imagina.
¡Qué parientes! Juzgue usted
cuán deplorable sería 430
su situación, cuando hoy mismo...
Pero ruego a usted se sirva
pasar a mi habitación,
y allí...
DON CÁNDIDO Sí, usted necesita
descansar.
DON BRUNO Como usted guste. 435
¿No están en casa...
Escena XI
DOÑA CATALINA. DON CÁNDIDO. DON BRUNO. DON JOAQUÍN.
(DON JOAQUÍN entra precipitado con dirección a su cuarto.)
DON JOAQUÍN ¡Maldita
memoria! ¡Haberme dejado
una cosa tan precisa!
¡Mi lente! ¡Ah! estoy a los pies
de usted, bella Catalina. 440
¿Usted no pasea?
DOÑA CATALINA No.
DON JOAQUÍN Es usted muy egoísta.
DOÑA CATALINA Mil gracias por el obsequio.
DON JOAQUÍN Los elegantes se privan
por la pereza de usted 445
de la cara más bonita
y el cuerpo más agraciado
que tiene Madrid. ¡Matías!
Hoy está muy concurrido
el salón. Hace buen día. 450
¿Usted va a salir?
DOÑA CATALINA No.
DON JOAQUÍN Como
la veo a usted de mantilla...
Escena XII
DOÑA CATALINA. DON CÁNDIDO. DON BRUNO. DON JOAQUÍN. MATÍAS.
MATÍAS ¿Qué manda usted?
DON JOAQUÍN Trae mi lente;
sin arrugarme la cinta.
Corre.
Escena XIII
DOÑA CATALINA. DON CÁNDIDO. DON BRUNO. DON JOAQUÍN.
DON JOAQUÍN Vaya, ¿quiere usted 455
venir al Prado, alma mía?
Sí, venga usted. Aún podemos
dar cuatro vueltas.
DOÑA CATALINA Se estima.
(Aparte a DOÑA CATALINA examinando a DON BRUNO.)
DON JOAQUÍN ¿Qué apunte es ese?
DOÑA CATALINA No sé.
DON JOAQUÍN Me choca mucho. Él me mira 460
con una atención... Adiós,
primo mío. No te había
visto. ¿Has sentado ya plaza?
(Vuelve MATÍAS con el lente, lo da a su amo y se retira.)
MATÍAS Aquí está el lente.
DON JOAQUÍN ¿En marina,
o en guardias? ¡Qué bien has hecho 465
en sacudir la polilla
y largarte de esta casa!
Yo no sé cómo sufrías
tantos ultrajes. A mí
me adulan y me acarician 470
porque soy hombre de pro
y esperan que con mi prima
me case. Yo no la quiero,
porque es una coquetilla.
Ella, sí, tiene buen dote, 475
y en muriendo el estantigua
de don Bruno...
(Violento gesto de cólera en DON CÁNDIDO.)
DON BRUNO (En voz baja.)
Disimula.
DON JOAQUÍN Que es, según tengo noticias,
muy bruto, pero muy rico, 480
es regular que la niña
le herede; mas otro amor
es el que a mí me electriza.
(A DOÑA CATALINA.)
¿No es verdad? El tío Marcelo
es tal cual, pero la tía 485
es muy cócora. ¿Y el tío
don Onofre? Me fastidia,
me degüella. Harás muy mal
en volverle la levita.
¡Ah! me olvidaba: si quieres 490
servir en caballería,
te traeré a mi regimiento.
Antes de pasar revista
te tomaré de asistente,
y así tu suerte se alivia: 495
al fin no comes en rancho
ni haces ninguna fatiga.
¡Qué tarde es ya! Abur, madama.
(Mirando a DON BRUNO con su lente.)
(¡Huf! ¡Qué facha tan antigua!)
Escena XIV
DOÑA CATALINA. DON CÁNDIDO. DON BRUNO.
DON BRUNO ¡Dios mío! ¿Y este es el joven 500
de quien Marcelo me hacía
tantos elogios? ¿Es este
a quien destina su hija?
DOÑA CATALINA Sí, señor; tal para cual.
No sé yo quién perdería 505
de los dos. A ese tronera
se le obsequia, se le mima
y... Vamos, vamos adentro.
Oirá usted maravillas.
(Entran en el cuarto de DOÑA CATALINA.)
Acto IV
Escena I
DON BRUNO. DON CÁNDIDO.
(Salen del cuarto de DOÑA CATALINA. DON BRUNO deja su sombrero sobre una silla.)
DON BRUNO ¡Qué franca es esta señora!
Parece que se interesa
en tu suerte.
DON CÁNDIDO Sí, señor.
Le debo muchas finezas.
En medio de mi desgracia, 5
su bondad, sus nobles prendas,
su trato afable y ameno,
y en fin, su amistad sincera
me han hecho menos amarga
la vida. La Providencia 10
aquí sin duda la trajo
para mi consuelo.
DON BRUNO ¿Y piensa
establecerse en la corte?
DON CÁNDIDO Como parte de sus rentas
las tiene en este país, 15
va a fijar su residencia
en Madrid, según ha dicho,
y mientras se le presenta
una buena habitación,
en esta casa se hospeda 20
bien a su pesar.
DON BRUNO Lo creo.
CÁNDIDA No confrontan las ideas
de mis tíos con las suyas.
DON BRUNO No deben de ser muy buenas
cuando a un sobrino carnal 25
porque es pobre menosprecian,
y a otro segundo o tercero,
por llevar dos charreteras
le colman de beneficios,
le distinguen y contemplan,
30
siendo insolente, vicioso,
sin talento y sin vergüenza.
Pero si tantos parientes
tienen entrañas de piedra
en este mezquino siglo 35
de vanidad y miseria,
todavía no están todos
prostituidos. Aún quedan
algunos que sin rubor
del infortunio se duelan. 40
Bien conoces que yo debo
tener de ti muchas quejas.
Sabiendo cuánto te amaba
desde tu infancia más tierna,
hiciste muy mal...
DON CÁNDIDO Confieso 45
mi culpa. Con tantas pruebas
del buen corazón de usted,
debí llegar a su puerta
antes que a ninguna; pero
me acordaba de la afrenta 50
que sufrió usted de mi padre
poco antes de que muriera,
y temía...
DON BRUNO Yo perdono
a tu poca edad la ofensa
que me hiciste. Aun dado caso 55
que yo conservar pudiera
a tu padre algún rencor,
cosa que siempre fue opuesta
a mi carácter, pensar
que a un hijo suyo trascienda, 60
es un error. En fin, no
se hable más de la materia.
Todo lo olvido, y muy lejos...
Escena II
DON CÁNDIDO. DON BRUNO. INÉS.
INÉS (Con luces que deja sobre una mesa.)
Señor, ahora mismo entran
mis amos.
DON BRUNO Bien: ¿dónde están? 65
INÉS Han pasado a la otra pieza
a refrescar. Yo he callado
para que usted los sorprenda.
DON BRUNO Bien; te lo agradezco.
(INÉS entra con una luz al cuarto de DOÑA CATALINA, la deja dentro y vuelve a salir.)
Escucha,
Cándido: la conferencia 70
con mis primos será corta.
No conviene que te vean
por ahora. Mientras tanto,
(Le da dinero.)
toma. Vete a cualquier tienda
donde vendan ropas. Compra 75
lo que necesites, y echa
a un basurero esos trapos;
¿entiendes? No te detengas
en el precio. ¡Ah! también te hace
falta un sombrero. En la Puerta 80
del Sol lo puedes tomar.
Bastante dinero llevas
para todo. Vete luego
a la Fontana, y espera
hasta que vaya por ti. 85
DON CÁNDIDO ¡Ah! mi gratitud extrema...
(Quiere arrodillarse y DON BRUNO le detiene.)
DON BRUNO ¿Qué vas a hacer? Vamos, anda,
que es tarde...
DON CÁNDIDO ¡Qué diferencia!
Escena III
DON BRUNO. INÉS.
DON BRUNO Muchacha, enséñame el cuarto
donde tus amos refrescan. 90
INÉS Con mucho gusto.
(Señalando a lo interior desde la puerta de la entrada.)
Abra usted
esa puerta de la izquierda.
Escena IV
INÉS.
Ya sé yo que la visita
no va a ser muy lisonjera
para ellos. Es difícil 95
que le engañen, que a esta fecha
ya está informado de todo.
Yo le he dicho cosas buenas,
y la huéspeda a fe mía
no se ha mordido la lengua. 100
Don Cándido va a salir
de opresión y de miseria.
¡Cuánto me alegro!
Escena V
DON JOAQUÍN. INÉS.
DON JOAQUÍN (Con sombrero y sable.) ¡Qué lance
de los diablos! ¿Quién creyera
que había de ser don Bruno 105
ese vejete postema?
Me he quedado tonto. ¡Vaya
una cara de vaqueta!
La fortuna es que he podido
largarme antes que me viera. 110
¡Hola, Inesilla! Me alegro
de verte sola. ¿En qué piensas?
Dame un abrazo: ya sabes
que te quiero. Con franqueza.
INÉS Désele usted a su prima: 115
yo no lo gasto.
DON JOAQUÍN No seas
tan huraña. Ven...
INÉS Pasito.
Las manos quietas y secas.
DON JOAQUÍN ¡Eh, tonta! ¿Qué sabes tú
lo que es bueno?
INÉS ¿Soy yo de esas 120
de por ahí?
DON JOAQUÍN Vamos, hija:
¿a qué tanta resistencia?
Ya veo que no lo entiendes,
Anímate: ¿qué te cuesta?
(Quiere abrazarla; INÉS le da un empellón y escapa.)
INÉS Aparte usted, espantajo, 125
títere.
Escena VI
DON JOAQUÍN.
¡Maldita seas!
Canario, ¡qué fuerza tiene!
Si me descuido, me estrella.
¡También se ven heroínas
entre estropajo y cazuelas! 130
Bien empleado me está
por requebrar a una bestia.
Con esto, y con que me deje
a la luna de Valencia
la viudita, la he logrado. 135
Esta ocasión es muy buena
para atacarla. Allá voy.
¡Ánimo!
(Levantando el picaporte.)
¿Da usted licencia,
Catalinita?
Escena VII
DON JOAQUÍN. DOÑA CATALINA.
DOÑA CATALINA (A la puerta de su cuarto.)
¿Quién llama?
DON JOAQUÍN ¿Quién ha de ser? Quien se pela 140
de amor desde que ese talle
por la corte se pasea.
DOÑA CATALINA Bueno: ¿y qué es lo que usted quiere?
DON JOAQUÍN Yo quiero que usted me quiera;
quiero que usted sea mía; 145
quiero que no me entretenga
con frívolas esperanzas
que halagan y no calientan;
quiero que usted reconozca
la extraordinaria fineza 150
de amarla más que a mi prima,
a pesar de que está muerta
por mis pedazos; en fin,
quiero que usted se convenza
de que yo voy a morirme 155
como usted no se resuelva
a darme esa blanca mano
en la santa madre iglesia.
DOÑA CATALINA Pues bien, yo quiero que usted
me deje en paz y no vuelva 160
con esas majaderías
a romperme la cabeza;
quiero que se desengañe
de que es un fatuo, un tronera;
quiero que usted se persuada 165
de que ninguna que tenga
dos dedos de frente debe
escuchar a usted siquiera,
y que si yo he tolerado
hasta ahora sus simplezas, 170
ha sido para burlarme
de su presunción grosera.
DON JOAQUÍN Pero escuche usted...
DOÑA CATALINA Abur.
(Entra en su cuarto y cierra por dentro.)
Escena VIII
DON JOAQUÍN
¡Eh! ya me dio con la puerta
en los hocicos. ¡Lucidos 175
estamos! ¡Que esto suceda
a un hombre de mi calibre!
Armémonos de prudencia
y resignación. Yo... bien
lo diría cuatro frescas; 180
pero mejor es dejarlo.
¡Qué calabazas tan netas
me ha espetado! Estoy furioso.
¡Aunque tuviera epidemia!
¡Qué modo de despacharme 185
tan seco! Y hasta la puerca
de Inesilla... Pero ¿yo
me apuro por bagatelas?
La viudita es buen bocado;
mucha lástima es perderla; 190
no por su cara, que al fin
si se la mira de cerca
no vale cosa. Mejor
es Placidita. Sí, treinta
veces; y es una chiquilla 195
que haré lo que quiera de ella.
Ea, a mi prima me atengo,
y para que no se vuelva
la boda agua de cerrajas,
voy a pedir la licencia 200
mañana mismo. Y ahora
quid faciendum? La comedia
de esta noche no me gusta.
¿Me iré al café de Venecia?
Sí, y desde allí a la partida 205
de los cucos.
Escena IX
DOÑA JULIANA. PLÁCIDA. DON JOAQUÍN.
DON JOAQUÍN ¡Oh mi bella
primita! i Oh tú, que de todas
las Plácidas de la tierra
eres la que más me place
por ser la más placentera! 210
Me tienes enamorado
hasta la crisma.
PLÁCIDA ¿De veras?
DOÑA JULIANA ¡Qué cumplimiento tan fino!
¡Lo que vale ser poeta!
DON JOAQUÍN ¡Dulce tía a quien me une 215
la simpatía más tierna,
simpatía que será
muy en breve simpa-suegra!
¿Cuándo aquí del himeneo
arderá, tía, la tea? 220
DOÑA JULIANA ¡Bravo, bravo! Muy bien dicho.
¡Qué donaire! ¡qué agudeza!
DON JOAQUÍN El mismo Gerardo Lobo
para mí es niño de teta.
¡Tengo yo mucha sintaxis!
225
DOÑA JULIANA Ya se conoce.
DON JOAQUÍN Y mi vena
es un torrente.
DOÑA JULIANA Lo creo.
Mira que quiero que vengas
a acompañarnos.
DON JOAQUÍN ¿Adónde?
DOÑA JULIANA Pronto daremos la vuelta. 230
PLÁCIDA Es dos puertas más arriba.
DOÑA JULIANA Sí, a casa de Genoveva.
DON JOAQUÍN Con ustedes iré yo
aunque sea a Filadelfia.
PLÁCIDA Por no ver al tío Bruno... 235
DOÑA JULIANA Ha sido mucha imprudencia
venirse sin avisar.
PLÁCIDA ¡Tiene una cara tan seria!
DOÑA JULIANA Aunque él no se explica claro
y disimula sus quejas, 240
a mí me ha estado pudriendo
la sangre con indirectas.
PLÁCIDA Pues ¿y la ridiculez
de arquear tanto las cejas
porque yo no le miraba 245
y jugaba con mi perra?
DON JOAQUÍN Lo gracioso es que esta tarde
le hice una burla sangrienta
sin conocerle.
PLÁCIDA Me alegro. 250
DON JOAQUÍN De esta hecha te deshereda.
PLÁCIDA ¿Qué me importa? A mí ninguna
falta me hacen sus talegas.
DOÑA JULIANA Ocultarle el paradero
de Cándido, es lo que lleva 255
muy a mal a mi entender;
pero como es tan babieca,
le hará creer mi Marcelo
todo lo que nos convenga.
No tengáis cuidado. Ya 260
le han tomado por su cuenta
entre mi cuñado y él.
Aunque a Cándido proteja,
no por eso...
DON JOAQUÍN ¿A qué queremos
calentarnos la cabeza 265
sobre ese particular?
Allá los viejos se avengan.
Hablemos de nuestra boda,
que es lo que más interesa.
¿No es verdad?
PLÁCIDA ¿Y la viudita? 270
DOÑA JULIANA Siempre estás con esa tema.
DON JOAQUÍN ¡Disparate! Sobre ser
plato de segunda mesa,
es mujer que me encocora.
PLÁCIDA Vaya, yo sé que la obsequias. 275
DON JOAQUÍN Estás muy equivocada;
y si no, para que veas
que no la puedo tragar,
aunque la lleve pateta,
delante de todo el mundo 280
le voy a decir que es fea.
PLÁCIDA Bueno; eso es lo que yo quiero.
DON JOAQUÍN Tú quedarás satisfecha.
PLÁCIDA Está muy bien; pero mira
que no quiero que me vuelvas 285
a dejar sola en el Prado,
como esta tarde.
DON JOAQUÍN ¿Y te quejas
por eso? ¡Valiente injuria!
¿Qué querías tú que hiciera
sin lente? Poco tardé: 290
antes que dieses dos vueltas
ya me había reunido.
PLÁCIDA Como la mamá se sienta
y nos deja solos...
DON JOAQUÍN Vamos;
y tú ¿por qué hacías señas 295
a todos los lechuguinos?
PLÁCIDA Eso no vale la pena.
Otras veces me las hacen
ellos a mí.
DON JOAQUÍN Me hace fuerza
esa reflexión.
DOÑA JULIANA ¡Que siempre 300
os piquéis por bagatelas!
Vaya, vamos, ¿o me siento?
DON JOAQUÍN Vamos a donde usted quiera,
mamá, que ya lo es usted
para mí desde esta fecha. 305
¡Ah qué boda tan brillante!
¿Bailará usted en la fiesta?
Por supuesto. ¡Qué felices
vamos a ser!
DOÑA JULIANA ¡Dios lo quiera!
DON JOAQUÍN Y a los diez meses... lo más, 310
cuente usted con una nieta.
Escena X
INÉS.
Ya se fueron. La mejor
ocasión del mundo es esta
para hablar con la andaluza
sin que ninguno lo entienda. 315
¡Oh! como pueda lograr
que me tome de doncella...
¿Y por qué no? Ella me quiere;
yo sé todas las haciendas
de una casa; yo soy fiel; 320
no tengo nada de lerda,
y así, a mi paso... Es verdad
que soy algo bachillera
y...
Escena XI
INÉS. UN SOLDADO.
SOLDADO ¡Ave María!
INÉS ¿Quién es?
¿Quién le ha dado a usted licencia 325
para entrar aquí?
SOLDADO ¿A mí? Naide.
La puerta de la escalera
está abierta, y me he colao.
INÉS ¡Pues! sin duda aquel veleta...
SOLDADO ¿No vive aquí un capitán 330
de a caballo?
INÉS Aquí se hospeda.
¿Qué trae usted?
SOLDADO Este plego
de la Ispeción.
INÉS
Bueno; venga. (Lo toma.)
SOLDADO ¿No está en casa?
INÉS No; ha salido.
Se le dará cuando vuelva. 335
SOLDADO Pues es que yo no me voy
sin llevarme la cubierta;
que así lo tienen mandao.
INÉS (Rompe el sobrescrito y se le da.)
Tome usted y no nos muela.
SOLDADO A mí en cosas del servicio... 340
¿Está usted? Pues. Aunque fuera
con mi padre... Yo sé bien
mi obligación.
INÉS ¿Quién lo niega?
SOLDADO Y no soy dengún reculta
que ya tengo los noventa 345
¿Está usted?
INÉS Bien; vaya usted
con Dios.
SOLDADO Y por mar y tierra
soy siempre Alonso Morata.
¿Está usted? Adiós, morena.
Escena XII
INÉS.
¿Qué papelotes son estos? 350
¡Caramba, que no supiera
leer! ¡Qué letras tan gordas!
Y aquí hay un sello...
Escena XIII
DON BRUNO. INÉS.
DON BRUNO Vilezas
semejantes no se han visto
desde que hay parientes. Piensan 355
justificar su conducta
levantando mil groseras
calumnias al pobre joven.
¡Oh! buen petardo se llevan.
Yo les haré ver...
(Toma el sombrero y al irse repara en INÉS.)
¿Qué estás 360
leyendo?
INÉS Sí, eso quisiera,
pero me estorba lo negro.
La culpa tuvo mi abuela
que no me dejó aprender
más que a hilar y hacer calceta. 365
DON BRUNO ¿Quién te ha dado esos papeles?
INÉS Un soldado, y a la cuenta
son papeles de importancia,
porque es de molde esta letra.
Son para don Joaquinito, 370
según ha dicho. Era fuerza
el sobrescrito entregarle,
y por eso...
DON BRUNO ¡Qué! ¿está fuera
Joaquín?
INÉS Sí, señor.
DON BRUNO ¿A ver?
Veamos.
(Toma los papeles y los lee.)
INÉS (¡Oh! como pueda, 375
aunque me cueste el salario
de un año, hasta que yo aprenda
de letras...)
DON BRUNO (Guarda los papeles.)
«Mira: es preciso
que en la casa no se sepa
que has recibido tal pliego. 380
¿Lo oyes? Y que nadie entienda
que yo guardo estos papeles.
INÉS Está muy bien. Usted pierda
cuidado.
DON BRUNO (Le da un doblón.)
Toma, y silencio.
INÉS Me echaré un nudo a la lengua. 385
Escena XIV
INÉS.
¿Qué misterio será este?
Es tan grande mi impaciencia
que el doblón y más daría
por saber lo que se encierra
en esos papeles. ¡Soy 390
tan curiosa!... Esta reserva
de don Bruno... Apostaría
a que tienen mala cena
mis amos. Allá veremos.
Según son las apariencias, 395
esta calma está anunciando
una borrasca deshecha.
(Entra en el cuarto de DOÑA CATALINA.)
Acto V
Escena I
DON ONOFRE. DON MARCELO.
DON ONOFRE Bien, tú dirás lo que quieras,
pero Bruno te da perro,
DON MARCELO Él se desenojará.
DON ONOFRE Ya verás.
DON MARCELO Nuestros esfuerzos
en condenar la conducta 5
de Cándido han hecho efecto
a mi parecer.
DON ONOFRE Yo juzgo
que no está muy satisfecho
de nuestras disculpas. Ellas
son muy débiles al menos. 10
DON MARCELO Yo no siento que se lleve
a Cándido, como temo.
Con tal que Plácida, ya
que se frustren mis deseos
de verla un día heredera 15
de sus caudales inmensos,
logre que aumente su dote
con diez o doce mil pesos,
cosa que a él nunca podría
arruinarle, estoy contento. 20
DON ONOFRE Como él te dé ni diez cuartos
que me corten el pescuezo.
DON MARCELO Le instaré, le adularé,
no omitiré ningún medio
de ganarle. En un buen padre 25
es natural el desvelo
de acomodar a sus hijos,
aunque a la verdad poseo
bastantes fondos, ya ves,
si a Plácida casar puedo 30
sin desmembrarlos, ¿qué mal
me vendrá?
DON ONOFRE ¡Oh! por supuesto.
DON MARCELO Ya no tardarán. Yo voy
aquí cerca en un momento
a traerme a los muchachos 35
y a Juliana. Pronto vuelvo.
DON ONOFRE ¿Y por qué querrá que todos
reunidos le esperemos?
¿Habrá reconciliación?
DON MARCELO ¿Quién lo duda? Ese es su objeto. 40
Escena II
DON ONOFRE. DOÑA CATALINA.
DON ONOFRE Yo pienso muy al contrario.
No tiene él cara... ¡Oh portento
de hermosura!
DOÑA CATALINA (Saliendo de su cuarto.)
¿No ha venido
don Bruno?
(Se sienta.)
DON ONOFRE No, mi embeleso,
no ha venido todavía. 45
Pero ¿a qué viene ese ceño
conmigo? ¿Se ofende usted
de que la adore?
DOÑA CATALINA Me ofendo.
Yo no gusto de esas chanzas.
DON ONOFRE ¿Acaso yo me chanceo? 50
Si es usted fisonomista
conocerá todo el nervio
de mi amorosa pasión
en mi cara.
DOÑA CATALINA ¿Será cierto
que está usted enamorado 55
de mí?
DON ONOFRE
(Sí; de tu dinero.)
¿Y le quedará a usted duda
si ahora mismo prometo
ser su marido, y mañana
lo cumplo?
DOÑA CATALINA ¡Qué! no lo creo. 60
Y luego ¿qué adelantamos
con que usted pretenda serlo
si no me acomoda a mí?
DON ONOFRE Pero ese es mucho despego
para un amante, hija mía. 65
DOÑA CATALINA ¿Qué quiere usted! Es mi genio.
DON ONOFRE Eso no me satisface.
Dígame usted sin rodeos
ahora mismo por qué causa
rehúsa mi casamiento; 70
que a mí no se me repulsa
sin más ni más.
DOÑA CATALINA ¡Fuerte empeño!
Pues, señor, yo no me caso
con usted, porque no quiero.
DON ONOFRE Esa franqueza me gusta. 75
Vea usted, ya estoy contento
y resignado. A otra parte
con la música.
Escena III
DOÑA CATALINA. DON ONOFRE. DON MARCELO. DOÑA JULIANA. PLÁCIDA. DON JOAQUÍN.
DOÑA JULIANA Veremos
con qué embajada nos viene
el señor don Bruno.
(Se sientan todos.)
PLÁCIDA Pero 80
¿nos tendrá toda la noche
esperando?
DON JOAQUÍN Nada bueno
espero yo de tal ente.
PLÁCIDA ¡Qué fastidio!
DOÑA CATALINA (¡Qué groseros!
Ni siquiera me saludan.) 85
DON JOAQUÍN (A DOÑA JULIANA.)
¿No ve usted qué circunspecto
y qué formalote estoy?
DOÑA JULIANA Es que ya vas pareciendo
marido.
DON ONOFRE (A DOÑA CATALINA.)
Esta gente tarda.
DOÑA CATALINA Sí. Yo también los espero 90
con impaciencia.
DON MARCELO ¿Usted?
DOÑA CATALINA Yo.
DOÑA JULIANA ¿Y a qué fin?
(Suena la campanilla.)
DOÑA CATALINA Se verá presto.
PLÁCIDA
La campanilla ha sonado.
DOÑA JULIANA Eh, ya están aquí.
DOÑA CATALINA (Me alegro,
porque estaba consumida 95
con esta gentualla.)
Escena IV
DOÑA CATALINA. DOÑA JULIANA. PLÁCIDA. DON ONOFRE. DON MARCELO. DON JOAQUÍN. DON BRUNO. DON CÁNDIDO.
DON BRUNO Siento
no haber podido venir
más pronto.
DON MARCELO Déjate de eso.
Vamos, sentaos.
(Se sientan DON BRUNO y DON CÁNDIDO.)
PLÁCIDA (En voz baja.)
¡Mamá!
Ya está vestido de nuevo. 100
Parece otro.
DOÑA JULIANA No te rías.
DON JOAQUÍN (Ya me canso de estar serio.)
DON MARCELO (A DON CÁNDIDO.)
¿Piensas ya con más cordura?
Sabe Dios el sentimiento
que nos has dado. Otra vez 105
domina un poco tu genio...
DON BRUNO Dejémonos de sermones,
que ya son fuera de tiempo.
DON MARCELO Esto no es reconvenirle;
aunque bien pudiera hacerlo, 110
que al fin siendo tío suyo...
DON BRUNO Sí, pero ningún derecho
tienes para maltratarle.
DON MARCELO Pues ¿acaso yo...
DON BRUNO Marcelo,
estoy muy bien informado. 115
No nos cansemos.
DON MARCELO Ya veo
que me han calumniado.
DON BRUNO Basta.
Yo sé que no.
DON MARCELO ¿Pero tengo
la culpa yo de que sea
imprudente y altanero? 120
Aquí se le aconsejaba...
DON BRUNO Primo mío, con consejos
no se come. Fácil es
ser generoso a ese precio.
DOÑA JULIANA (Se levanta y todos en seguida.)
¡Dale con las indirectas 125
y el tono de misionero!
DON BRUNO ¡Juliana!
DOÑA JULIANA Mira que ya
estoy hasta los cabellos
de oír tus impertinencias.
DON BRUNO Tranquilízate, que luego 130
cesaré de incomodarte.
DON MARCELO (Aparte a DOÑA JULIANA.)
Disimula.
DON JOAQUÍN (Vamos, esto
no para en bien.)
DON BRUNO Como estoy
de todas veras resuelto
a cortar mis relaciones 135
con todos vosotros, quiero
despedirme para siempre.
El villano tratamiento
que ha sufrido a vuestro lado
un joven, digno por cierto 140
de más consideración
por su honradez, sus talentos,
su desgracia; en fin, por ser
hijo de un hermano vuestro,
me obliga a romper los nudos 145
de la sangre que me unieron
a vosotros. No creáis
que me apartaré por esto
de haceros un beneficio
si, como yo no lo espero, 150
necesitáis algún día
de mí. Yo ya soy muy viejo.
Poco me puede engañar
la fortuna; mas si llego
por mi desgracia a tener 155
que mendigar el sustento,
no será, no, en vuestra puerta
donde se estrellen mis ruegos.
En cuanto a Cándido, libres
estáis del enorme peso 160
de su subsistencia. Yo
desde ahora le protejo,
y de nadie necesita.
En mí tendrá un padre tierno,
un bienhechor y un amigo, 165
y me sobra fundamento
para esperar que jamás
me arrepentiré de serlo.
DON CÁNDIDO ¡Mi padre! ¡Oh título dulce
y consolador! Lo acepto 170
con todo mi corazón.
Las lágrimas con que riego
esta mano protectora...
DOÑA CATALINA Basta, que yo me enternezco
también, y no viene al caso, 175
don Cándido, que lloremos
cuando debemos pensar
en el baile y el bureo
de la boda.
DOÑA JULIANA ¿De qué boda?
DON ONOFRE Esta es otra.
DON JOAQUÍN Yo estoy lelo. 180
DOÑA CATALINA Ahora me toca a mí.
Un poquito de silencio.
Yo he sido testigo fiel
de todos los improperios
y vilezas que ha sufrido 185
don Cándido, y del exceso
de su bondad y paciencia
entre parientes tan perros.
Yo que sé compadecer
los infortunios ajenos, 190
y no soy indiferente
al mérito verdadero,
días ha que concebí
el plausible pensamiento
de hacer su felicidad 195
y la mía al mismo tiempo,
uniendo nuestros destinos
con un dichoso himeneo.
Don Cándido no ignoraba
que me debía un afecto... 200
de amistad, al parecer,
pero en realidad más tierno.
Desde el momento le hubiera
revelado mi proyecto
a no habérmelo estorbado 205
el orgullo de mi sexo.
Pero, en fin, llegó la hora
de entregar mi mano, en premio
de su ternura, a quien ya
de mi corazón es dueño. 210
DON CÁNDIDO ¡Ah! ¡Qué dulce recompensa!
¿A quién en el universo
podré yo envidiar ahora?
DOÑA CATALINA La verdad; ¿no es mejor esto
que sentar plaza?
DON ONOFRE (Aparte con los de su partido.)
¿Qué tal? 215
¡Y yo creí que era lego!
Pero ¿cómo la ha podido
engatusar?
DON JOAQUÍN No lo entiendo.
Lo cierto es que las mujeres
tienen el diablo en el cuerpo. 220
Siempre escogen lo peor.
DOÑA JULIANA Vámonos, que yo no puedo
sufrir más.
(Abrazando a DOÑA CATALINA y DON JOAQUÍN.)
DON BRUNO ¡Venid! Entrambos
me serviréis de consuelo
y de alivio en mi vejez. 225
Todo cuanto yo poseo
será para vuestros hijos.
Ya no nos separaremos
jamás.
DON ONOFRE (Aparte con DON MARCELO.)
Chico, tu esperanza
cuéntala ya con los muertos. 230
DON MARCELO Ya lo veo.
DOÑA JULIANA (A DON BRUNO.)
¿Has acabado?
Pues también aquí tenemos
motivos de regocijo.
Si tú estás tan satisfecho
porque a un sobrino prohíjas, 235
con mayor razón debemos
nosotros felicitarnos
teniendo un estorbo menos.
Otro sobrino nos queda
más amable y menos necio, 240
y también por nuestra parte
habrá boda y bailaremos.
DON MARCELO Sí, venid.
(Va a unir las manos de DON JOAQUÍN y PLÁCIDA.)
Dadme esas manos...
DON BRUNO Aguarda. Ahora que me acuerdo,
lee primero esos papeles 245
que han remitido a tu yerno
de la Inspección general.
(Toma DON MARCELO los papeles y los lee para sí.)
DON JOAQUÍN ¡Eh! ¿qué papeles son esos?
DON BRUNO Deja que el tío los lea.
La criada ha abierto el pliego 250
en que venían, no estando
tú en casa. Yo llegué a tiempo
de quitárselos sin dar
lugar...
DON JOAQUÍN Pero ¿usted...
DON MARCELO ¿Qué veo!
DON JOAQUÍN Pero ¿usted los ha leído? 255
DON BRUNO Sí.
DON JOAQUÍN ¿Qué dicen?
DON BRUNO Yo no entiendo
la milicia. Me parece
que se trata de un ascenso.
PLÁCIDA ¡Un ascenso, mamá!
DOÑA JULIANA Calla,
a ver qué dice Marcelo. 260
DON JOAQUÍN Comandante de escuadrón,
¿eh?
PLÁCIDA ¡Comandante!
DON MARCELO Me alegro
de tener esta noticia
a tan buen tiempo.
DOÑA JULIANA ¿Sí? ¿Es cierto
que han ascendido a Joaquín? 265
DON MARCELO ¿Ascender? ¡A buen sujeto
ascenderían! ¡La escoria,
el oprobio de su cuerpo!
PLÁCIDA ¡Eh, papá! usted se chancea.
DON MARCELO Si me descuido te pierdo. 270
DON ONOFRE Pero, en fin, esos papeles
¿qué contienen? Acabemos.
DON MARCELO ¿Qué? Su licencia absoluta
por vicioso y por inepto.
DON JOAQUÍN ¡Cómo!
DOÑA JULIANA ¿Y es posible...
DON MARCELO Toma: 275
(Toma DON JOAQUÍN los papeles y los lee aparte.)
diviértete.
DOÑA JULIANA Aún no me atrevo
a darle crédito.
DOÑA CATALINA (¡Adiós
boda!)
PLÁCIDA (A DOÑA JULIANA.)
No; ya no debemos
dudarlo. Mire usted cómo
muda de color. Bien puedo 280
buscar otro novio.
DOÑA JULIANA Sí.
DON JOAQUÍN Pues, señor, estamos frescos.
DON ONOFRE ¿Conque es verdad...
DON JOAQUÍN Sí, señor.
Me he quedado sin empleo.
¡Eh! yo no lo extraño. Chismes, 285
envidias del regimiento.
El coronel me tenía
entre ojos. Los compañeros...
La mujer del comandante
que es vengativa en extremo... 290
Si yo la hubiera obsequiado
como deseaba... Pero
¡si es una arpía!
DON ONOFRE Eso es
una bicoca. Ten pecho
y no te apures... Tú sabes 295
cuánto vale un buen consejo
en ocasiones como ésta.
Si presumes que yo puedo
dártelo, pierde cuidado:
desde ahora te lo ofrezco 300
de muy buena voluntad.
DON JOAQUÍN Por supuesto. Siempre cuento
con la protección de ustedes.
Creo que este contratiempo
no será un inconveniente 305
para la boda... Yo pienso...
DOÑA JULIANA Sobrino, han variado mucho
las circunstancias. No es esto
despreciarte; pero al fin
soy madre y todo mi anhelo 310
se funda en el bienestar
de mi hija. ¡Sin empleo,
sin reputación, sin bienes!
No tengo tan poco seso.
Y lo peor es, perdona, 315
que el honor comprometemos
de Placidita si en casa
permaneces por más tiempo.
Todo Madrid sabe ya
que has sido su novio, y quiero 320
evitar murmuraciones.
¿Cómo ha de ser! No hay remedio.
Es preciso que te vayas.
Ten paciencia. Yo lo siento.
Escena V
DONA CATALINA. PLÁCIDA. DON CÁNDIDO. DON JOAQUÍN. DON BRUNO. DON ONOFRE. DON MARCELO.
DON JOAQUÍN ¡Placidita!...
PLÁCIDA Ya has oído 325
a mi mamá. Yo no tengo
la culpa. No, el mal no es solo
para ti. ¿Y yo, que consiento
en casarme, y de repente
me quedo con los deseos? 330
Pero yo procuraré
consolarme. Te aconsejo
que hagas otro tanto. Abur.
Escena VI
DOÑA CATALINA. DON CÁNDIDO. DON JOAQUÍN. DON BRUNO. DON ONOFRE. DON MARCELO.
DON BRUNO (Aparte con DOÑA CATALINA y DON CÁNDIDO.)
Se disipó como el viento
su cariño. ¡Qué lección! 335
DON CÁNDIDO ¡Qué desengaño!
DOÑA CATALINA Veremos
cómo se explican los tíos.
DON JOAQUÍN Querido tío Marcelo,
este imprevisto revés
de la fortuna se ha opuesto 340
al enlace deseado
que colmaba mi contento;
pero al menos un asilo...
DON MARCELO No, no te canses. Bien veo
que vas a pasarlo mal. 345
Hijo de padres muy buenos,
pero pobres, no tenías
más recurso que tu sueldo.
Si te has quedado sin él,
culpa sólo a tus excesos. 350
Yo los autorizaría
sufriendo que un mismo techo
nos cubriera. Quien merece
que le echen de un regimiento
con ignominia, no es digno 355
de mi protección. Yo espero,
sin embargo, que este golpe
te servirá de escarmiento.
¡Dios lo quiera así! Si no,
te anuncio un fin muy funesto. 360
Escena VII
DOÑA CATALINA. DON CÁNDIDO. DON JOAQUÍN. DON BRUNO. DON ONOFRE.
DON JOAQUÍN ¡Qué crueldad!
(A DON ONOFRE, que iba a seguir a DON MARCELO.)
¿Y usted también
me abandona?
DON ONOFRE Yo me precio
de haber sostenido siempre
el honor de mis abuelos,
señor mío, y faltaría 365
a los principios austeros
de justicia y probidad
que a todo trance profeso,
si consintiera a mi lado
a un perdido, a un vago...
DON JOAQUÍN Al menos 370
los vínculos de la sangre
deberían...
DON ONOFRE Yo no entiendo
de vínculos ni de alforjas.
¡Mire usted que el parentesco
es grande! ¡Échele usté un galgo! 375
Hijo de un primo tercero...
DON JOAQUÍN No, señor. ¡Si por mi madre
soy sobrino...!
DON ONOFRE Vaya, ahorremos
palabras. Anda a buscar
tu madre gallega lejos 380
de mí. En la corte hay arbitrios
para los hombres de ingenio
como tú. Si no te quieres
morir de hambre, apela al juego,
a la embrolla y a la estafa; 385
que no serás el primero,
ni se ha de apurar Madrid
por un pillo más o menos.
(DON JOAQUÍN queda en el mayor abatimiento.)
Escena VIII
DOÑA CATALINA. DON CÁNDIDO. DON JOAQUÍN. DON BRUNO.
DON BRUNO Estoy escandalizado.
Yo no podría creerlo 390
si no lo viera.
DOÑA CATALINA Me da
lástima su abatimiento.
Ni aún a mirarnos se atreve.
DON CÁNDIDO Joaquín, para estos momentos
es el valor. No te aflijas. 395
Si yo pensara como ellos
podría desampararte
alejando otros pretextos
sin duda más oportunos;
más decorosos al menos. 400
(Tomándole afectuosamente la mano.)
Yo veo tu desventura,
y no mis resentimientos.
Aun no me atrevo a brindarte
con mi amistad: la reservo
para cuando experimente 405
el reparo de tus yerros.
Pero en nombre de mi esposa
y mi tío te prometo
favor y hospitalidad.
DON JOAQUÍN Esa bondad sin ejemplo 410
me confunde más que todo.
Perdóname si no acierto
a responderte.
DON CÁNDIDO ¡Eh, no llores!
DON BRUNO Dejémonos de lamentos,
y a la enmienda. Con nosotros 415
vivirás: yo lo consiento.
Ahora en ti sólo consiste
granjearte nuestro aprecio.
DOÑA CATALINA Vámonos a la posada
cuanto antes, porque no quiero 420
estar un instante más
en esta casa. Ya es tiempo
de sentar esa cabeza,
Joaquinito.
DON JOAQUÍN ¡Ah! yo lo ofrezco.
DOÑA CATALINA Sea usted hombre de bien... 425
y no vuelva a hacer sonetos.
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